Mamá...
- Catelgood
- 20 dic 2015
- 2 Min. de lectura
Moriste, sí… pero no te vas…
Y debió de ser grande tu ser
Y la confianza que Dios tuvo en ti
Que te repitió ocho veces
Y ocho veces más, moriste
Dando la vida por nosotros
Los que en ti nos repetimos…
Pero no te vas…
Porque irse es algo que no sabes
Nunca supiste, siempre estuviste…
Y fuiste lo mismo sargento de tareas,
Que curandera presta de cortadas
Unas en la piel, y otras en el alma…
Fuiste el sostén de nuestro descalabro
Y también alcahuete de mis mañas
Por eso moriste, pero no te vas…
Porque tu cuerpo cansado, descansa
Pero tu espíritu indomable cabalga
Lo mismo en el carácter de mi hija,
Que en la mirada de mi hermana
En esas las lágrimas del séptimo
En los genes del tercero, ahí andas
Y ardes en la boca del primero
Y en el pelo del segundo remansas
Y terca, te duplicaste en la cuarta
Y perdonaste del quinto canalladas
Y diste amor todo por el sexto
Y te reconciliaste con la octava
Viste las eras pasando raudas
Y aunque no las comprendiste todas
A todas les presentaste abierta cara
Porque nunca supiste ocultarla…
Así que un día, como todos, moriste
Y algunos derramarán lágrimas…
Otros pensarán que es injusto y cruel
Y otros bendecirán que descansas…
Y yo miro al cielo y truena, y anuncia agua
Y me miro al espejo para buscar tu marca
Y ahí está, en mi nariz, en mi mirada
Y sé que moriste, pero no te marchas

Y sé que ya no estás, que moriste…
Y todavía no sé si se te extraña
Porque te veo en los pasos de mi hermano
En la risa de tus nietos, en mi casa
Y ahora el cielo acá parece que llora…
Por mi madre, amiga, apoyo, señora
Y yo escribo porque no tengo lágrimas
Será que estoy aprendiendo a llorar palabras…